ana karina lopez gonzalez escribio:
El día viernes 05 de octubre acudí a la farmacia Cruz Verde ubicada en 1 sur
nº 1335 para adquirir lo indicado en una receta otorgada por mi médico
tratante.
La receta indicaba entre otras cosas el producto HELIOCARE de Labomed, el cual,
según indicaba la receta debía ser “oil-free” ya que padezco un problema
dermatológico que no me permite usar productos que contengan aceites.
Al llegar a mi hogar abrí el producto y, como el doctor me indicó, lo probé
primero en la mano antes de aplicarlo al rostro, fue entonces cuando advertí
que el producto presentaba una consistencia aceitosa y me dispuse a revisar el
folleto que se encontraba en su interior. De esta manera me percate de que
“HELIOCARE” contaba con 2 versiones, una normal para pieles secas que
contenía aceites, y la “oil-free” para pieles grasas que es libre de
aceites, siendo esta última la que el doctor indicaba en la receta. Luego
revisé la pagina Web de Labomed y me informé de ambos productos y finalmente
constaté que en la Web de CRUZ VERDE se ofrecían también ambos productos. De
esta manera comprobé que la farmacia había despachado el producto equivocado y
no el indicado en la receta.
Concurrí el día siguiente, sábado 6 de octubre durante la mañana, para
solicitar una solución a lo acontecido. Le explique la situación al vendedor
Aldo Pinochet, el cual me respondió que no había nada que hacer ya que el
producto estaba abierto, aun yo explicándole que había sido mal despachado y
que fue esa la manera en que me percaté del error, luego el me sorprendió al
contestar de forma grosera e insultante haciendo especulaciones del tipo
“quizás cuantos días lo usaste y ahora lo queris cambiar”, aunque le
había mostrado ya la boleta de la tarde anterior. Por esta razón solicite
hablar con su superior, a quien el ya había puesto en antecedente de lo
ocurrido.
Se presentó ante mí la Sra. Violeta Mendoza y procedí a explicarle la
situación, ante lo cual ella también me respondió que no podían ofrecerme
solución alguna. Le insistí solicitando que me diera alguna solución, ya
que, aunque yo comprendía que para ellos era una dificultad cambiar un
producto que estaba abierto, el error no había sido mío ya que ellos habían
hecho un mal despacho de receta cuando esta especificaba claramente un producto
diferente. Ella continuó en la negativa de solucionar el problema y creo que al
parecer me confundió con alguien más ya que de pronto se encontró
increpándome de manera muy violenta y acusándome de haber concurrido hace un
par de semanas a la farmacia a comprar algunos productos para luego devolverlos
y cambiarlos por otras cosas. Le explique entonces de forma serena que me
estaba confundiendo, que no había comprado anteriormente nada para devolverlo
y que no pedía cambiar el producto por otra cosa, ni siquiera la devolución
del dinero, solo el cambio por el producto que sí indicaba la receta. Ella
continuó insistiendo en su versión de una manera muy grosera mientras yo
intentaba sacarla de su error pidiéndole que se detuviera ya que estaba
cometiendo una tremenda equivocación sin darse cuenta y explicándole que mi
cambio de producto no obedecía a un capricho personal sino a un tratamiento
médico que debía seguir y que el producto que ellos me habían vendido era
contraindicado para mi tipo de piel. Fue entonces cuando esta Señora cambio de
estrategia y comenzó a decirme que el producto que indicaba la receta era el
que me habían vendido y que no existía otra versión. Procedí entonces a
explicarle que yo había constatado la existencia de dos productos mediante el
folleto, el cual le mostré en ese instante pero ella hizo caso omiso de esta
prueba insistiendo en la versión de que sólo existía una versión del
producto que era la que ellos me habían vendido y hasta me dijo que yo estaba
inventando todo aún cuando hasta la receta del doctor indicaba otro producto.
Insistió fervorosamente intentando convencerme de que la equivocada era yo
para que me fuera con el producto mal despachado, entonces yo le dije que no
tenía ninguna intención de discutir con ella, que yo solo espera el servicio
que correspondía para el caso y le propuse que ella misma revisara la Web de
Labomed y la de Cruz Verde para que pudiera dar crédito por si misma de ambos
productos, a lo que ella se negó diciéndome que no le importaba en absoluto
lo que yo hubiese visto en internet, incluso le comenté que yo había cotizado
el producto en otras farmacias entonces ella me dijo que porque no lo había
comprado en otro lugar y le dije que había acudido a cruz Verde ya que tenia
un valor más conveniente, ella me respondió que yo era una mentirosa y que no
lo había comprado en otro lugar porque el producto no existía.
Le expliqué a esta Señora nuevamente que estaba cometiendo una tremenda
equivocación, que no sólo me había confundido, sino que me había ofendido y
humillado sin razón alguna, ya que la responsabilidad de la equivocación no
era mía. Fue entonces cuando ella accedió, de muy mala manera, a hacerme la
devolución del dinero ya que ellos no tenían en stock el otro producto. Para
hacer esta devolución se necesitaba el Rut de quien lo había comprado, ya que
mi madre al pagar la receta utilizó una tarjeta con la cual obtenía un
pequeño descuento. Como yo no tenía el Rut en el minuto le dije a la Sra.
Violeta Mendoza que volvería más tarde, y le recordé que el trato que me
había dado fue completamente desagradable e injusto, mientras ella en voz alta
me increpaba por el problema que le traería devolver un producto abierto.
Volví al cabo de algunos minutos con el Rut solicitado y en compañía de un
familiar, ya que la idea de enfrentarme nuevamente a esta Señora y sin
compañía me atemorizaba. La actitud que ella tenía ahora era completamente
distinta, me imagino que se debía a que a esas alturas ella ya se debía haber
percatado de su error. Le entregué el Rut y ella procedió a hacerme la
devolución del dinero. Entonces le entregué dos páginas, una impresa con la
Web de Labomed y otra con la Web de Cruz Verde, en donde se especificaban ambos
productos, indicándole que se las llevaba para que conociera las dos versiones
de HELIOCARE y comprobara que yo no era ninguna mentirosa como ella había
señalado anteriormente, ella las recibió en silencio.
Entonces le pedí su nombre, el libro de reclamos y el nombre de su supervisor,
ante lo cual me entregó el libro de reclamos pero se negó a darme el nombre de
su supervisor diciendo que ella era la única jefa ahí y que si tenía un
supervisor no recordaba su nombre ni lo tenía a mano. Luego de escribir el
reclamo salí de la farmacia, y algunos metros más allá me percate de que
había dejado sobre el mesón la bolsa de la farmacia que contenía la receta y
mi nueva boleta, volví en el acto y le solicité específicamente que me
devolviera la bolsa que había dejado allí ya que tenía la receta, entonces
ella me entregó la bolsa que ya tenía bajo el mesón. Al llegar a mi hogar
abrí la bolsa y me percaté de que la Señora Violeta Mendoza me había hecho
entrega de una bolsa que sólo contenía folletos y propaganda de la farmacia.
Concurrí nuevamente a la farmacia y ella ya no se encontraba, entonces le dije
a una vendedora que yo había ido hace algún rato y que había olvidado mi
receta y boleta, ella procedió a buscarla y las encontró ambas corcheteadas
sobre el escritorio de la Sra. Violeta Mendoza, entonces las sacó de allí y
me las entregó.
Más tarde acudí con la misma receta a una farmacia Salcobrand, en donde me
mostraron ambos productos, me explicaron las diferencias y me vendieron el
indicado en la receta, dándome un excelente servicio y atención.
En ninguna de mis vivitas a Farmacia Cruz Verde alguien me ofreció una
disculpa por la receta mal despachada, ni menos se disculparon por el trato
grosero, la actitud violenta y las palabras insultantes con las que se
dirigieron a mi persona. El mal despacho de la receta es un error grave, de
haberme aplicado el producto sin percatarme del error, mi piel hubiese sufrido
efectos no deseados por el tratamiento y perjudiciales a mi piel, y esto
habría pasado si yo hubiese confiado en la palabra de la químico
farmacéutica. Gracias a la información de mi Doctor y la que yo misma busqué
pude percatarme del error, pero entonces me imagino a las personas que
posiblemente han adquirido recetas mal despachadas en esta farmacia sin
percatarse del error y los efectos que pueden haber tenido. Me parece grave y
preocupante, que gente supuestamente calificada no esté al tanto de los
productos y medicamentos existentes y más preocupante aun que ante la
ignorancia en que se encuentran opten por una actitud descalificadora ante el
cliente, cuando en mi caso, a la farmacéutica le hubiese bastado con una
llamada al laboratorio para salir de la duda y evitarme el tremendo mal rato y
humillación de la que me hizo objeto sin tener yo responsabilidad alguna.
Aunque se me hizo la devolución del dinero, creo que este tipo de actitudes no
pueden pasar desapercibidas, ya que desprestigia el nombre de la farmacia, pero
sobre todo, porque no es posible que uno encuentre este tipo de trato en un
local como este. Para mi, una disculpa por parte de los involucrados hubiese
bastado, pero nunca se hizo reconocimiento del error y es por esto que me surge
la inquietud sobre como opera esta sucursal y pone en duda el trato que dan a
los clientes y la confiabilidad al pedir una receta.